Durante mucho tiempo, la búsqueda de embarazo se ha abordado casi exclusivamente desde la perspectiva femenina. Las pruebas, el seguimiento del ciclo, las consultas médicas: todo tendía a centrarse en la mujer. Sin embargo, los estudios epidemiológicos llevan décadas señalando que en alrededor del 40-50% de los casos en que una pareja tiene dificultades para concebir, hay un factor masculino implicado, solo o combinado con factores femeninos.
Hablar de fertilidad masculina no es señalar culpables. Es reconocer que la reproducción involucra a dos personas, y que estudiar ambas partes desde el principio es lo más eficiente y lo más justo.
Qué evalúa el seminograma y qué puede revelar
La prueba básica para evaluar la fertilidad masculina es el seminograma o análisis de semen. Consiste en analizar una muestra de semen en laboratorio y mide varios parámetros: la concentración de espermatozoides, su motilidad (capacidad de moverse de forma adecuada) y su morfología (la proporción de espermatozoides con forma normal).
Un seminograma alterado no significa necesariamente infertilidad. Muchos hombres con parámetros seminales por debajo de los valores de referencia han logrado concebir de forma natural. Pero proporciona información muy valiosa sobre la capacidad reproductiva y orienta sobre si es necesario profundizar más en el estudio.
Es importante saber que los parámetros del semen pueden variar entre una muestra y otra, e incluso entre distintos periodos de la vida. Por eso, cuando el resultado de un seminograma es anómalo, habitualmente se repite antes de tomar decisiones.

Causas frecuentes de alteración en la fertilidad masculina
Varicocele
El varicocele es la dilatación de las venas del cordón espermático, similar a lo que serían las varices pero en el escroto. Es una de las causas más comunes de alteración seminal y se detecta con una exploración física y, en su caso, una ecografía.
El varicocele puede elevar la temperatura testicular y generar un ambiente desfavorable para la producción de espermatozoides, afectando a su concentración, motilidad y morfología. No siempre produce síntomas, aunque a veces se percibe como una sensación de pesadez o molestia en el escroto. Tiene tratamiento quirúrgico, y en algunos casos su corrección mejora los parámetros seminales.
Alteraciones hormonales
La producción de espermatozoides depende de un equilibrio hormonal adecuado, principalmente de la testosterona, la FSH y la LH. Desequilibrios en estas hormonas —ya sea por causas en el propio testículo, en la hipófisis o en el hipotálamo— pueden afectar a la espermatogénesis.
Algunas condiciones como el hipogonadismo, los tumores hipofisarios o el uso de esteroides anabolizantes pueden alterar este eje hormonal. Un análisis de sangre específico puede detectar estas alteraciones.
Obstrucciones del tracto reproductor
En algunos casos, los espermatozoides se producen correctamente pero no pueden salir porque hay una obstrucción en algún punto del tracto reproductor masculino: epidídimo, conductos deferentes o eyaculatorios. Estas obstrucciones pueden ser congénitas o consecuencia de infecciones, cirugías o traumatismos previos.
Una obstrucción completa puede dar lugar a azoospermia obstructiva: ausencia de espermatozoides en el eyaculado pese a que la producción testicular es normal. En estos casos, en muchas ocasiones es posible recuperar espermatozoides directamente del testículo para su uso en técnicas de reproducción asistida.
Infecciones y procesos inflamatorios
Algunas infecciones del tracto reproductor masculino pueden afectar temporal o permanentemente a la calidad seminal. La orquitis —inflamación del testículo, a veces asociada a las paperas en edad adulta— puede dañar la función testicular de forma significativa. Infecciones bacterianas no tratadas del epidídimo también pueden generar daño. Muchas de estas situaciones requieren tratamiento específico.
Factores genéticos
Algunas alteraciones cromosómicas o genéticas específicas pueden afectar a la fertilidad masculina. El síndrome de Klinefelter (presencia de un cromosoma X extra) es una de las causas genéticas más conocidas de infertilidad masculina. Las microdeleciones del cromosoma Y también pueden afectar a la producción de espermatozoides. En casos de azoospermia o alteración seminal grave, el estudio genético puede ser parte del diagnóstico.
Hábitos de vida que pueden influir en la calidad seminal
A diferencia de los óvulos femeninos, que están presentes desde el nacimiento, los espermatozoides se producen de forma continua a lo largo de la vida adulta. El ciclo de producción dura aproximadamente 74 días. Esto significa que los cambios en el estilo de vida pueden tener un efecto sobre la calidad seminal a medio plazo, tanto para bien como para mal.
Temperatura escrotal
La producción de espermatozoides requiere una temperatura ligeramente inferior a la corporal, por eso los testículos están fuera del cuerpo. Exposiciones prolongadas a calor —baños muy calientes frecuentes, saunas habituales, pasar muchas horas con el ordenador portátil sobre los muslos, ropa interior muy ajustada— pueden elevar la temperatura escrotal y tener un efecto negativo sobre la calidad del semen. El impacto de estos factores individuales suele ser moderado y reversible, pero vale la pena tenerlos en cuenta.
Tabaco
El tabaquismo se asocia de forma consistente en la literatura científica con peores parámetros seminales: menor concentración, peor motilidad y mayor daño en el ADN espermático. Los efectos son más marcados cuanto mayor es el consumo y la duración del hábito.
Alcohol
El consumo elevado de alcohol puede interferir con la producción de testosterona y afectar a la calidad seminal. El efecto del consumo moderado es menos claro y los estudios muestran resultados más variables. En cualquier caso, reducir el consumo durante la búsqueda de embarazo es una medida razonable.
Anabolizantes y suplementos hormonales
El uso de esteroides anabolizantes suprime de forma significativa la producción propia de testosterona y, con ella, la producción de espermatozoides. Es uno de los factores con mayor impacto sobre la fertilidad masculina en personas que los consumen. Importante: la testosterona exógena tomada con fines médicos o no médicos también tiene este efecto. Recuperar la función testicular tras el uso de anabolizantes puede llevar meses o incluso más tiempo.
Alimentación y peso corporal
La obesidad se asocia a peores parámetros seminales, entre otros motivos porque el exceso de tejido adiposo puede elevar la temperatura escrotal y alterar el equilibrio hormonal. Una alimentación variada y equilibrada, sin necesidad de dietas especiales ni suplementos, contribuye a mantener un buen estado de salud general, lo que también beneficia la fertilidad.
Estrés oxidativo
Los espermatozoides son especialmente vulnerables al daño por estrés oxidativo. Factores como el tabaco, la contaminación, la dieta desequilibrada, el estrés crónico o la inflamación pueden aumentar los niveles de radicales libres y dañar el ADN espermático. Algunos estudios apuntan a que una dieta rica en antioxidantes puede ayudar a proteger la calidad seminal, aunque la evidencia aún no es concluyente en todos los aspectos.
El seminograma como primer paso, no como veredicto
Si una pareja lleva tiempo buscando embarazo, solicitar un seminograma es una de las primeras cosas que tiene sentido hacer. Es una prueba sencilla, relativamente accesible y que proporciona información muy relevante en poco tiempo.
Un resultado normal es una buena noticia. Un resultado alterado no es un diagnóstico definitivo, sino el punto de partida para un estudio más detallado que puede identificar causas tratables o información útil para elegir el mejor camino.
Lo que no tiene sentido es postergar ese paso durante meses o años por falta de información o por asociar la fertilidad exclusivamente al cuerpo femenino.



